Las ensaladas son un alimento muy equilibrado y sencillo de preparar que solemos relacionar con la época estival y consumir mayormente durante la misma, aun cuando su consumo sea recomendable todo el año. Gracias a su aporte de vitaminas y fibra se convierten en una de las comidas más aconsejables a la hora de seguir una alimentación sana y equilibrada; además, nuestros bolsillos, en la mayoría de los casos, no se resentirán por el gasto que suponen. En cualquier caso, es posible que su consumo no sea habitual debido a que tendemos a relacionarlas siempre con los mismos ingredientes: lechuga, tomate, cebolla, aceitunas, sal y vinagre, olvidándonos de que que podemos añadirles casi cualquier ingrediente que se nos pase por la mente, convirtiéndolas así en un plato realmente sabroso y diferente cada día; solamente hace falta echarle creatividad y ganas de probar cosas nuevas. Las posibilidades son infinitas, tantas como aliños, ingredientes, salsas, texturas, hierbas, cortes, sabores y temperaturas.
Simplemente es necesario seguir unas recomendaciones básicas para no echar por tierra una buena idea:
1. Los ingredientes no cocinados que se vayan a utilizar deben estar siempre frescos, limpios y bien escurridos. Conviene lavarlos bajo un chorro de agua fría, después sumergirlos en agua unos minutos con unas gotitas de lejía, y luego enjuagarlos y escurrirlos muy bien. Podemos añadir infinidad de ingredientes crudos o cocinados: alubias, maíz, arroz, palmitos, pastas, pimientos, pepinillos, champiñón, pescados frescos o ahumados, mariscos, carnes, queso, manzana, naranja, nueces, almendras, piñones, ajo, leche, yogures, crema, nata, piña, miel y un largo etcétera más.
2. Trocear los ingredientes de la forma adecuada es un paso fundamental, es decir, cada verdura exige su corte; los más comunes son:
3. Si optamos por una ensalada fría, conviene mantenerla un ratito, antes de comerla, en el frigorífico. Si por el contrario, no queremos que esté fría, debemos hacer lo contrario: manternerla a temperatura ambiente fuera de la nevera.
4. El aliño: primero se aconseja añadir la sal (mejor fina), la pimienta (si se quiere), el aceite (preferiblemente aceite de oliva virgen extra); se revuelve todo y se añade el vinagre (hay muchas variedades; procedente del vino tinto o blanco, del vino de jerez, de la sidra, del cava, etc. Los más puristas dicen que para las ensaladas es mejor el procedente del vino blanco y de sabor fuerte para las ensaladas de gusto más intenso, y más suave para las ensaladas de sabor más delicado) o el limón. Por último, se añaden las hierbas aromáticas según el gusto: albahaca, perejil, estragón, tomillo, romero, curry, mostaza, hierbabuena... Aquí, como en todo lo anterior, también manda la imaginación y los gustos; hay quienes afirman que lo mejor al aliñar una ensalada es el siguiente orden: hierbas aromáticas, sal, aceite y vinagre... como siempre, depende de los gustos. Una buena elección de estos componentes nos dará como resultado sabores distintos para cada ocasión.
5. Dosis: una parte de vinagre por tres de aceite como regla general. De todas maneras, cada ensalada y persona pide una determinada cantidad de sal, vinagre o aceite. No existen límites, ¡probad!