La nutrición infantil es un tema que hace varios años viene tomando relevancia y no solo en función de los déficit que se registran en la alimentación de los niños sino también por que cada vez existen más investigaciones que nos llevan a pensar en cuán preventiva puede ser una buena alimentación durante el proceso del crecimiento en bebés, niños y adolescentes. Preventiva en un doble sentido, tanto en lo referente a las enfermedades que aquejan durante esos períodos de crecimiento como en cuanto a enfermedades futuras en la edad adulta.
Se considera que los daños ocasionados por una mala nutrición son leves cuando ésta se da tan solo en etapas cortas por que los nutrientes perdidos rápidamente pueden recuperarse si se retoma por un período extenso la buena alimentación y nutrición. Si un niño se ve expuesto durante tiempos prolongados a una mala alimentación, lamentablemente algunos nutrientes y daños que este déficit ocasiona son irreversibles. Es que por más que se retome la buena nutrición a través de una dieta balanceada e incluso con complejos vitamínicos, no es posible recuperar el estado previo a dicho período en déficit. Cuanto más pequeño sea el niño en esta situación, más graves serán las consecuencias que la desnutrición acarreará.
En este punto es importante también aclarar que la nutrición de la madre durante los meses de gestación también cuenta en el desarrollo y crecimiento de ese futuro niño.
Un dato que es muchas veces inadvertido y que está estrechamente vinculado con el tema de alimentación y crecimiento es el rendimiento intelectual. Una mala nutrición es claro que determina a veces problemas en cuanto al desarrollo físico del niño y a sus capacidades corporales pero lo que no se tiene en cuenta es que también afecta a su desempeño escolar. Es decir, la alimentación en estas etapas fundamentales del crecimiento incide en casi todos los aspectos del desarrollo y pasaje de niño a adulto.
Muchas veces se dice que el problema en estas cuestiones radica en que los niños no suelen elegir bien los alimentos que desean ingerir. Esto es cierto, ellos prefieren golosinas, dulces o comidas como las hamburguesas y las salchichas mientras que evitan las frutas, verduras y legumbres. Pero a pesar de que hay cierta realidad en esto, quienes verdaderamente determinan estos gustos en lo niños son los adultos encargados de su alimentación. Allí radica una de las cuestiones fundamentales en este tema. E incluso podría pensarse que está en nuestra capacidad creativa e investigativa como adultos el tentar a nuestros hijos con recetas que incluyan verduras y postres a base de frutas. Esto a su vez acompañado de una buen educación alimenticia hace que ya desde pequeños sepan cuál es la mejor manera de alimentarse.
Algunas nociones básicas a transmitir son:
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debemos comer entre 4 y 6 veces al día para que nuestro cuerpo cuente con las energías suficientes para cumplir con las actividades cotidianas.
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Tenemos que tratar de no comer ininterrumpidamente sino con intervalos de al menos dos horas entre comida y comida.
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Las porciones de los platos deben estar acordes a nuestras actividades y tamaño corporal.
Tenemos que tratar de comer un poco de todo, priorizando los alimentos de acuerdo a la pirámide nutricional.
Es de suma importancia lavarnos las manos antes de comer y verificar que los alimentos que ingerimos estés bien lavados y cocidos.
A diferencia de la nutrición en un adulto, el porcentaje de alimentos grasos que un niño o púber deben consumir es un poco mayor, de alrededor de un 25 % del consumo total de alimentos diarios. Es que el mismo proceso de crecimiento hace que el metabolismo funcione de un modo diferente al de un adulto y por ende se requiera de un mayor consumo de alimentos de este tipo. Pero por supuesto debe ser un consumo controlado, sobretodo en cuanto a los dulces y golosinas en tanto estos afectan a la higiene bucal.
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